«Y ahora soy sometido a juicio por la esperanza de la promesa hecha por Dios a nuestros padres: que NUESTRAS DOCE TRIBUS esperan alcanzar al servir fielmente a Dios noche y día. Y por esta esperanza, oh rey, soy acusado por los judíos...»
— Hechos 26:6-7
Nuestras doce tribus no tienen nada que ver con el tribalismo místico del que hablan algunos. Lo que creemos es en gente verdaderamente viviendo en unidad, viviendo una vida tribal en doce áreas geográficas de la tierra diferentes, para ser una luz a las naciones del mundo.
Cuando Pablo, en su defensa ante Agripa, mencionó «nuestras doce tribus» (Hechos 26:6-7), no se refería a los judíos que eran... ¡quienes estaban acusándole! ¿No? No tenía razón alguna para adularles diciendo de ellos que «con todo el corazón servían a Dios día y noche». El Maestro ya había profetizado a los judíos que:
«El reino de Dios os será quitado y le será dado a una nación que producirá su fruto [de ese reino].»
— Mateo 21:43
Una nueva nación tenía que tomar el lugar de la antigua. Y esto es exactamente lo que Pablo quería decir cuando escribió a los gentiles efesios:
«Recordad que en ese tiempo estabais separados del Mesías, excluidos de la ciudadanía de Israel, extraños a los pactos de la promesa, sin tener esperanza, y sin Dios en el mundo. Pero en el Mesías Yahshua, vosotros, que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido acercados por la sangre del Mesías.»
— Efesios 2:12-13
«Así pues, ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino que sois conciudadanos de los santos y sois de la familia de Dios, edificados sobre el fundamento de los apóstoles y los profetas, siendo el Mesías Yahshua mismo la piedra angular...»
— Efesios 2:19-20
A través de apóstoles como Pablo se estaba formando esta nueva nación, la comunidad de Israel o «el Israel de Dios», como Pablo lo llamó en Gálatas 6:16. Esta nueva nación no estaba formada de descendientes físicos sino por los nacidos del Espíritu (Gálatas 3:29). Era una nación de otro orden, compuesta solamente de discípulos, porque solo la forman los que han abandonado la vieja vida (1 Pedro 1:18) que tenían fuera de la comunidad de Israel, para nacer de nuevo en una nueva nación santa (1 Pedro 2:9). Son la gente que se tomó al Maestro lo suficientemente en serio para poner a un lado a su padre, madre, esposa, niños, hermanos y hasta su propia vida, para seguirle como él les mandó (Mateo 10:34-39). Y ellos ciertamente respetaron su palabra lo suficiente para abandonar sus posesiones, que era la única manera de empezar a calificarse como discípulos (Lucas 14:26-33).
El énfasis de toda la predicación del Maestro estaba en el REINO de Dios y cómo entrar en él. En cuanto a su relativa importancia, el tópico del Reino se menciona tres veces más en el Nuevo Testamento que la palabra «salvación». Así que es absolutamente esencial que una nación fuese preparada capaz de heredar ese Reino (Mateo 21:43). Debía tratarse de una nación enlazada y con un compromiso más profundo que los meros lazos de sangre y/o ataduras familiares. Y ser un discípulo significaba ser parte de esa nación, y sigue significando lo mismo hoy en día.
¿CREES EN LA PROFECÍA?
Muchos cristianos, hoy, dan vueltas a la noción de «nación santa», porque ellos no se ven a sí mismos como parte de una nación (lo que es muy comprensible), a no ser la nación que aparece en su carnet de identidad. Algunos consideran esos pasajes bíblicos como meramente simbólicos, un ideal místico, mientras otros imaginan que debe referirse a los judíos de Palestina, o quizás a los judíos mesiánicos (cristianos). Pero, ¿crees tú en la profecía bíblica?
Sin duda Pablo, el apóstol, sí creía, hasta el punto de aplicársela a sí mismo y a Bernabé cuando dijo:
«Pues esto es lo que el Señor nos ha mandado: Te he puesto como luz para los gentiles, a fin de que lleves la salvación hasta los confines de la tierra.»
— Hechos 13:47
¿Es que suena irrazonable que los apóstoles estuvieran levantando una nación de doce tribus, un Israel de la Nueva Alianza, compuesto tanto por judíos como por gentiles, y unidos por el Espíritu Santo? ¡No, claro que no tiene nada de irrazonable! Porque en la escritura que Pablo citó primero decía:
«Es demasiado poco que tú seas mi siervo para levantar las tribus de Jacob...»
— Isaías 49:6
He aquí un pequeño quiz bíblico: cada hijo de Jacob llegó a ser cabeza de toda una tribu y todas las tribus juntas se llamaron Israel. ¿Cuántos hijos tuvo Jacob?... Entonces, ¿cuántas tribus había? Seguro que Santiago no lo ignoraba cuando escribió:
«A las DOCE TRIBUS que están dispersas en el extranjero, saludos.»
— Santiago 1:1
¡Pero el Israel del Antiguo Testamento (Antigua Alianza) no era una nación de 12 tribus desde los tiempos de Salomón! Diez de las tribus desaparecieron de los anales de la historia tras el tiempo de cautividad en Asiria, unos 700 años antes de que Santiago escribiese su carta. ¿Estaba Santiago algo despistado? O si no, ¿a quién estaba dirigiendo su carta?
El apóstol Pedro sabía muy bien quiénes eran a los que se dirigía Santiago; Pedro escribió:
«Pero vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido para posesión de Dios, a fin de que anunciéis las virtudes de aquél que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; pues vosotros en otro tiempo no erais pueblo de Dios; no habíais recibido misericordia, pero ahora habéis recibido misericordia.»
— 1 Pedro 2:9-10
Pedro hablaba a un pueblo recientemente formado, un pueblo nuevo. Algo había cambiado en sus vidas para que les fuese garantizado el título de «pueblo», pues si se hubiesen quedado en sus viejos hogares, dedicados a sus mismas viejas labores, y solo hubiesen creído en Jesús, no podría llamárseles «un pueblo», sino que hubieran seguido integrados en su vieja sociedad, igual que el cristianismo sigue siendo parte de la sociedad actualmente.
—Muy bien —puedes que digas—, ¿pero por qué no vuelve a decir nada el Nuevo Testamento acerca de que la iglesia tenga que estar compuesta de doce tribus?
¿Cómo que no dice nada? ¿Has oído que la iglesia es llamada la «novia» del Mesías? Esto sale de Efesios y Apocalipsis:
«...a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia en toda su gloria, sin que tenga mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuera santa e inmaculada.»
— Efesios 5:26-27
«Regocijémonos y alegrémonos, y démosle a él la gloria, porque las bodas del Cordero han llegado y su esposa se ha preparado.»
El libro del Apocalipsis nos ofrece otras dos imágenes de la novia, que es la iglesia, revelando su verdadera composición:
«Y una gran señal apareció en el cielo; una mujer (la misma palabra que se traduce por esposa) vestida del sol, y con la luna bajo sus pies y sobre su cabeza una corona de DOCE ESTRELLAS...»
— Apocalipsis 12:1
«Y vino uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las últimas siete plagas, y habló conmigo, diciendo: VEN, TE MOSTRARÉ LA NOVIA, LA ESPOSA DEL CORDERO. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la ciudad santa, Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios. Y tenía la gloria de Dios. Su fulgor era semejante al de una piedra muy preciosa, como una piedra de jaspe cristalino. Tenía un muro grande y alto con doce puertas, y en las puertas doce Ángeles; y en ellas había nombres escritos, QUE SON LOS DE LAS DOCE TRIBUS DE LOS HIJOS DE ISRAEL.»
— Apocalipsis 21:9-12
¿Qué significan todas estas referencias? Doce apóstoles... nuestras doce tribus... la comunidad de Israel... el Israel de Dios... una «nación santa»... una corona de 12 estrellas... 12 tribus de los hijos de Israel...
¿Comprendes? Hemos llegado a ver que la venida del Espíritu Santo en el día de Pentecostés generó una vida tribal de unidad y cuidado mutuo y responsabilidad que echó luz y expuso el egoísmo de aquella perversa generación (Hechos 2:40; Filipenses 2:15). Esa vida aumentó y se desarrolló resultando en una nación santa de sacerdotes constituida de 12 tribus (1 Pedro 2:9) que servían a Dios en sinceridad, con todo el corazón, día y noche (Hechos 26:7). Y con el propósito de cumplir Malaquías 1:5-11, debería haber llegado a la plena estatura de la novia sin mancha de Apocalipsis 19:7, por quien Yahshua, el Novio, retornaría triunfante como describe el resto del capítulo.
Pero algo sucedió. Su amor menguó y los avisos proféticos de Romanos 11:22, 2 Corintios 11:2-3 y Apocalipsis 2:5 se cumplieron con ella:
«Mira, pues, la bondad y la severidad de Dios; severidad para con los que cayeron, pero para ti, bondad de Dios si permaneces en su bondad; de lo contrario también serás cortado.»
«Porque celoso estoy de vosotros con celo de Dios; pues os desposé a un esposo para presentaros como virgen pura al Mesías. Pero temo que, así como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestras mentes sean desviadas de la sencillez y pureza de la devoción al Mesías.»
«Recuerda, por tanto, de dónde has caído y arrepiéntete, y haz las obras que hiciste al principio; si no, vendré a ti y quitaré tu candelero de su lugar, si no te arrepientes.»
La novia virgen se manchó y se convirtió en la ramera de la que hablan los capítulos 17 y 18 de Apocalipsis: el Cristianismo.
«Y clamó con potente voz, diciendo: ¡Cayó, cayó la gran Babilonia! SE HA CONVERTIDO en habitación de demonios, en guarida de todo espíritu inmundo y en guarida de toda ave inmunda y aborrecible.»
La palabra convertirse indica la transición de una naturaleza a otra, y es una referencia directa a Isaías 1:21:
«¡Cómo se ha convertido en ramera la ciudad fiel, la que estaba llena de justicia! Moraba en ella la rectitud, mas ahora, asesinos.»
Pero como anticipa en Romanos 9:29, una semilla de esa vida maravillosa fue preservada en el cielo, esperando a la plenitud de los tiempos cuando auténtica fe para obedecer el verdadero evangelio volvería a encenderse en una gente...
«¡Yo he venido para echar fuego sobre la tierra; y cómo quisiera que ya estuviera encendido! Pero de un bautismo tengo que ser bautizado, y ¡cómo me angustio hasta que se cumpla! ¿Pensáis que vine a dar paz en la tierra? No, os digo, sino más bien división. Porque desde ahora en adelante, cinco en una casa estarán divididos; tres contra dos y dos contra tres. Estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre; la madre contra la hija y la hija contra la madre; la suegra contra su nuera y la nuera contra su suegra.»
— Lucas 12:49-53
El significado de las Tribus y sus ubicaciones geográficas:
- Jehudah: Alabanza (NE. Estados Unidos)
- Rubén: Un hijo que ve (Romania)
- Gad: La fortuna ha venido (Canadá)
- Asher: Feliz (Australia)
- Naftalí: Mis luchas (Brasil)
- Manasés: Causa para olvidar (EEUU - central)
- Shimón: Un hijo que escucha (España y Portugal)
- Leví: Apegado (Czechia)
- Isacar: Salarios (Argentina)
- Zebulón: Honrar (Islas Británicas)
- Yosef: Crecer (Western EEUU)
- Benjamín: Hijo de la mano derecha (SE. EEUU)
